miércoles, 13 de agosto de 2008

La Trampa 22



En el mundo hay una sola trampa, la Trampa 22, y caer en ella es muy fácil. Experiencias como la de Hércules tratando de degollar a la Hidra y terminar enfrentándose a la multiplicación de las cabezas del monstruo cada vez que una le es cortada es un claro ejemplo de estar en la Trampa 22, lo mismo para el que trata de salir por si mismo de arenas movedizas que para el que trata de escaparse por un callejón sin salida.

El término, como tal, nació con un relato antibelicista del escritor norteamericano Joseph Heller, en 1961, que se convirtió en todo un suceso a los pocos meses de su publicación. Al grado de merecer una versión cinematográfica nueve años después dirigida por Mike Nichols.

En su novela, Heller describe a un grupo de pilotos que tratan de alcanzar el número requerido de misiones de guerra para ser sujetos a licencia en tierra y poder volver a casa… Solo hay un problema: La cuota necesaria de misiones por cumplir aumenta constantemente de manera arbitraria, haciendo imposible para nadie alcanzar el objetivo en un periodo de tiempo siquiera definido… Solo hay una salida. Si se solicita dispensa médica de vuelo, debido a trastorno mental, se puede obtener la liberación de servicio sin tener que completar la cuota exigida… Solo hay una trampa, la Trampa 22 y esta en el reglamento: la prueba de la cordura de un individuo estriba en su renuencia a cumplir con su deber alegando locura, pues solo un loco puede convenir en arriesgar la vida diariamente volando en misiones de guerra. Heller construye, con su relato, una alegoría tan perfecta de los círculos viciosos, que el título de su libro se ha incorporado a la cultura sajona como un término clásico para describir una situación de perder-perder.

En la ficción, el Escuadrón Aéreo de Bombarderos B-25 de los Estados Unidos de América, asignado a la isla de Pianosa en el Mar Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial, diariamente convive con un mundo capcioso y de doble filo, diseñado por la burocracia castrense a su propia conveniencia. A los personajes del relato no les queda más remedio que adaptar su ritmo de vida a la dinámica de lo absurdo que provocan los altos mandos con su Trampa 22. De esta manera Milo Minderbinder hace negocio con las oportunidades que su irrealidad le ofrece al punto de bombardear a su propio campamento en aras de la ética comercial, “Aarfy” Aardvark en su afán de adaptarse se vuelve tan temerario que continuamente no sólo arriesga su vida sino también la de todos sus compañeros, Doc Daneeka obedece al sistema tan al pie de la letra que incluso después de morir oficialmente tiene que seguir viviendo, el coronel Cathcart maneja las reglas del juego con tanta volubilidad que es fácil adivinar que es el único que no las sigue, y por último, Yossarian como la única persona cuerda en medio de todo ese caos, trata todo el tiempo de hacer lo que las personas cuerdas deben hacer en estos casos…salir corriendo.

Sin los tintes epopéyicos de la obra de Heller, la vida nos impone retos parecidos en nuestro diario quehacer. Cuando un escenario de tales características se extrapola a la realidad, lo cual es muy común aunque la mayor parte de las veces no nos damos cuenta, es muy difícil entender que se ha caído en la Trampa 22 y que todos nuestros esfuerzos por evadirnos nos hundirán más. Aunque es importante destacar que ninguna entelequia perversa nos prepara el cebo para cobrar en nosotros mismos venganzas específicas, es simplemente el efecto mariposa provocado por los conflictos de intereses de miles de personas que mantienen viva la dinámica social en nuestras esferas de acción. Nosotros lo único que queremos es llegar al final del día con la satisfacción del deber cumplido de llevar el pan a la mesa de nuestros hogares pero para conseguirlo habrá que jugar el juego de ¡sabrá Dios, cuantos personajes mundanos y anónimos! que necesitan de nuestra participación involuntaria para enriquecerse o ganar poder: los políticos, los medios de comunicación, el narco, la religión, la corrupción en las instituciones públicas, los servicios tendenciosamente ineficientes, las envidias en el ámbito laboral, la rapacidad de los banqueros y en ocasiones hasta los chantajes emocionales de nuestras propias familias.

Los personajes de Heller tienen una gran ventaja con respecto de nosotros, simples mortales de carne y hueso desprotegidos por el aura inviolable que da la ficción; ellos viven en un microcosmos que les permite ver claramente la estructura de interés que los mantiene enfangados en su perniciosa circunstancia. Nosotros no. Por lo tanto el simple recurso de huir no parece ser lo más adecuado.

En la sociedad anglosajona la solución recomendada para escapar de la Trampa 22 es simplemente decir la verdad. Se supone que si uno conoce la operación de los sistemas dentro de los cuales se mueve y sus derechos dentro de los mismos, la cuestión es simplemente exigir que estos derechos se respeten denunciando los factores o elementos que corrompen el funcionar del sistema y que lo meten a uno en los indeseables escenarios de perder-perder. En teoría lo anterior se antoja fácil, aplastantemente lógico y lógicamente efectivo pero…en una sociedad con instituciones mas sólidas y estructuras mas estables, con otros fundamentos culturales y actos reflejos sociales muy distintos de la mexicana. La nuestra responde mas a las figuras usiglianas de “El Gesticulador”, en donde la apariencia, en aras de la propia conveniencia, son la directriz de nuestro comportamiento. En una palabra tu allá dices “This is Ridiculous” y te arreglan el asunto inmediatamente (te sacan de la Trampa), pero si aquí dices “This is Ridiculous” te pegan un tiro (que…bueno…de alguna forma acepto que también te sacan de la Trampa). Lo que abre otra controversia pues la muerte no deja de ser una solución contundente a los problemas en la vida y una forma de escapar, al estilo de Yossarian, de nuestra Trampa 22, pero muchas veces es el inicio un nuevo círculo vicioso como herencia de cobro inmediato para los dolientes.

En conclusión, la Trampa 22 es obra del hombre y sus egoísmos; y todos necesitamos jugarla en alguna etapa de la vida para poder aprender a reconocer el contexto humano dentro del cual vivimos, pero debemos estar muy conscientes que es nuestra propia responsabilidad escapar de ella en función de nuestras circunstancias. La honestidad, el rechazo a los apegos inútiles, la inteligencia emocional y el sentido de la responsabilidad son algunas de las armas con las que contamos para poder derrotar a esas oscuras fuerzas del mal que nos empujan a los abismos de los círculos viciosos en nuestros comportamientos.

Y usted amigo lector… ¿Ya sabe cual es la Trampa 22 en su vida y como escapar de ella?

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